Finalizando un largo día
Tras una larga conversación con un amigo me siento más tranquilo; las ideas paranoides se alejan de mi cabeza y todo parece quedarse en la vulgar normalidad en la que vivo normalmente. Me quedo con la amistad y el pedazo de paz que me ha dejado esa charla, y respondo a una pregunta que sé que más de uno no creera posible.
¿Qué viste en ella?
Pues no lo sé, no es algo concreto. Muchas veces he dicho que desde que mi mirada se cruzó con la suyo sentí que quería pasar mis días junto a ella. Sí, un error, algo parecido a una fantasía que yo quise creer. Pero esa fantasía me hizo sentir vivo durante unos días.
No puedo negarlo, no sé que siento ahora por una persona que desapareció hace más de un año de mi vida; que puedo portarse conmigo mucho mejor de lo que lo hizo. Sé que no la amé como lo hice con Alicia, que fue ese amor que crece con el tiempo; en cambio sí que la ame. Durante unos meses cada latido que daba mi corazón era por ella al principio, y cada pinchazo que sufría mi pecho era por ella, al final. Jamás he sentido nada parecido por nadie y espero tener la fortuna de no volverlo a sufrir; si hubiera tenido un buen final quizá quisiera repetir... pero ahora, con el peso de mi pasado y mis errores sobre mis hombros, prefiero no disfrutar de ese breve placer y ni padecer nuevamente esa angustiosa agonía.
Y sí, sigo deseando tener noticias suyas, como lo deseo también de tantas otras personas que pasaron por mi vida y luego desaparecieron. Porque, como he dicho muchas veces, odio perder contacto con las personas a las que quiero y es por eso que les dejo mi amistad tendida por si tuviera la suerte de que algún día se lo replantearan y me otorgaran la opción de la amistad.
¿Qué viste en ella?
Pues no lo sé, no es algo concreto. Muchas veces he dicho que desde que mi mirada se cruzó con la suyo sentí que quería pasar mis días junto a ella. Sí, un error, algo parecido a una fantasía que yo quise creer. Pero esa fantasía me hizo sentir vivo durante unos días.
No puedo negarlo, no sé que siento ahora por una persona que desapareció hace más de un año de mi vida; que puedo portarse conmigo mucho mejor de lo que lo hizo. Sé que no la amé como lo hice con Alicia, que fue ese amor que crece con el tiempo; en cambio sí que la ame. Durante unos meses cada latido que daba mi corazón era por ella al principio, y cada pinchazo que sufría mi pecho era por ella, al final. Jamás he sentido nada parecido por nadie y espero tener la fortuna de no volverlo a sufrir; si hubiera tenido un buen final quizá quisiera repetir... pero ahora, con el peso de mi pasado y mis errores sobre mis hombros, prefiero no disfrutar de ese breve placer y ni padecer nuevamente esa angustiosa agonía.
Y sí, sigo deseando tener noticias suyas, como lo deseo también de tantas otras personas que pasaron por mi vida y luego desaparecieron. Porque, como he dicho muchas veces, odio perder contacto con las personas a las que quiero y es por eso que les dejo mi amistad tendida por si tuviera la suerte de que algún día se lo replantearan y me otorgaran la opción de la amistad.
Comentarios
Publicar un comentario