Buscando mi lugar

Bajo este título fue creado el blog que ahora escribo; una especie de diario en internet en el que se hablan de mis opiniones y mis sentmientos. Bajo el título una pequeña frase rezaba: "Quién entré aquí, entra en mi mente."
Bien, un ligero lavado de cara, varios cambios de posición, alguno de ellos fruto de la paranoia y otros de errores personales míos, el lugar ha ido cambiando e incluso su nombre. Encontré mi lugar, sé dónde debería estar y sé, tras muchos fracasos al intentar llegar allí, que no seré yo, al menos por ahora, quién decida cuando he de llegar.
Mientras, sigo perdido, vagando en un mundo muy normal para unos y excesivamente complejo y extraño para mí. Lo que escribo ahora son las crónicas de mi alma, hasta el dichoso momento en que pueda cruzar.

Tras esta pequeña aclaración, querría comentar que es muy probable que un día, tras una discusión, me desahogue en este lugar privado que tantas veces sirve de sparring para mis irás y mis furias. Suelo venir aquí huyendo de la realidad y es por eso que no he llenado este templo de bonitos recuerdos, de momentos bellos ni de todas esas sensaciones que una vez me hicieran aferrarme a la vida. Aquí vengo a criticar, a dar mi opinión puntual y momentánea sobre algo.

A veces me he criticado a algún amigo y lo sigo apreciando; mantiene, para mí al menos, esa consideración. Si ha habido alguien capaz de seguirlo entero, se habrá dado cuenta de que al menos un par de personas han recibido mis iras y mis alabanzas; a veces necesito odiar e intento obligarme a ello. Si pudiera mantener ese sentimiento mi vida sería mucho más sencilla, pero es muy complicado que, una vez alguien entre en el círculo de esas personas que me importan, pueda salir de él sin dejar ninguna herida en mí.

Y efectivamente, el nuevo yo pretende ser un ser soberbio, desea llenarse de odio construido con la furia y la ira que lo queman... siempre acaba siendo brasas, sin más, el resto humeando de lo que una vez fue sin llegar a quedar convertido en el demonio que le gustaría ser.

Pero mi soberbia sí que crece; como mi dolor y mi locura. Y quizá un día pueda dejar el mundo ardiendo tras de mí sin tan si quiera mirar, sin importarme los millones de recuerdos quemados o el dolor causado. Hoy, no es ese día.

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