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Aquí continúo, luchando día a día por mantener la cabeza ocupada, buscándome algunas acciones que hacer que mantengan mi cabeza ocupada y lejos de intentar concentrarme. Dos días sin dormir y un pinchazo en la espalda me lo ponen bastante más difícil, sobre todo porque las pesadillas no han cesado.

Supongo que también puedo llamar pesadillas a las incursiones nocturnas de cierta persona en mis sueños, pues me crean mayor tensión y desasosiego que todas esas otras veces en las que, en sueños, viajo al infierno. Es irónico que una persona no quiera saber de ti, que desees con todas tus fuerzas desterrarla de tu mente y que, aun así, cada noche tengas que ver su cara y generalmente, acciones del despecho que te muestra en la vida real.

Se supone que en nuestra sociedad estamos en una situación privilegiada, tenemos las necesidades básicas cubiertas y, sin embargo, a mí eso no me importa. Sencillamente estoy derrotado, sin la posibilidad de abandonar y sin que mis súplicas de piedad sean escuchadas. Y hay quien dice que todos tememos a la muerte... me aterroriza seguir viviendo, me da pánico meterme en la cama por la noche, huyo de mis pensamientos (o lo intento) constantemente y el deber me ata a esta situación; cuando no lo hace mi tolerancia a los medicamentos.

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