Un día de lluvia
Casi toda mi niñez la pasé viviendo en un céntrico barrio de Cáceres; por aquellos tiempos dar unos pasos hacia el norte era salir de la ciudad y si hacías lo mismo, tras cruzar la Cruz de los Caídos, casi estabas saliendo de nuevo.
Hace unos días había quedado para cenar en un bar que se encontraba al lado de mi antigua casa. La lluvia, sin llegar a ser fuerte, era constante, dejando las calles de la ciudad con esos tonos anaranjados y esos negros brillantes que produce el suelo húmedo.
Vino a mi memoria aquellos años en los que yo comenzaba a salir con amigos, a comienzos de primero de BUP (el equivalente a 4º de ESO).
Habíamos conocido a unas chicas enredando por el parque de Cánovas, aunque siempre he sido tímido con todo lo relacionado con las mujeres, por aquel entonces mi nivel de desencanto con el mundo era inferior al actual y de vez en cuando, reuninendo algo de fuerza, era capaz de acercarme a hablar con una chica.
Estuvimos un tiempo saliendo ambas pandillas, sus amigas y el grupo de chicos con el que yo quedaba (casi todos compañeros de la EGB).
¿Por qué me acordé de esto? Sencillamente, una noche muy similar a la de ayer, pero en la que el agua caía con bastante más ira, acompañamos varias a Carmen a su casa; era una chica morenita con una cara muy linda y buen, con trece años no es que se necesitara ninguna otra cualidad para hacer que me sintiera atraído por ella. Yo iba hablando con ella, ya es imposible recordar de que, pero se que todos se quedaron refugiándose de la lluvia pegados a una pared, justo cuando llegamos a la Plaza de Italia, que era donde ella vivía (o cerca de allí, nunca supe el lugar exacto). Nosotros avanzamos más, cruzamos y si mi memoria no falla, nos quedamos en la esquina de la C/García Holguín. Hice esa estúpida pregunta que he hecho alguna otra vez y que a la larga suele darme muy malos resultados.
Emocionado regresé con el grupo sin dejar de mirar hacia atrás hasta que la vi perderse por la calle anteriorme citada. No pude esperar a preguntar a mis compañeros si lo habían visto: Nadie había visto nada, ni beso en la mejilla, ni en la comisura, ni nada de nada.
Alguien le comentó el siguiente día que yo había ido diciendo que me había dado un pico (en realidad había preguntado que leches significaba eso, si era o no un pico), cosa que la chica desmintió. Y bueno, quedé como un mentiroso delante de todos mis amigos.
Así que fue por orgullo que dejé de quedar con ellos, supongo, si mis amistades no me creen no quiero que anden perdiendo el tiempo a mi lado. En la amistad no cabe la mentira y más cuando todos creyeron su versión en lugar de la mía.
El caso es que todo esto lo recordé porque cuando salí de cenar con mis amigos (otro grupo, obviamente) el pasado sábado, me di cuenta de que esa noche era prácticamente igual a la de entonces. El frío, la lluvia en la cara. Los colores de la noche cacereña con esas luces anaranjadas que no iluminan demasiado teniendo cerca tanto árbol.
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El final de esta historia fue cuando, unos ocho años después la chica intentó ligar conmigo en la belle epoque, bar al que solía ir bastante con mis amigos Javi y Mandi. Con la poca coherencia de la que podía disponer en ese momento le conté la historia relatada arriba y ella ni si quiera me recordaba; eso sí, al resto de chicos del grupo los recordaba a todos. Así que tras media hora de charla me despedí y volví con mis amigos, que aún estaban alucinando al ver que rechazaba a una chica guapa. Dije que no me había dado cuenta...
Es curioso, pero creo que esa fue la última vez que conté esta historia y se la conté a la otra persona involucrada en ella. Creo que han pasado cerca de once años esta vez, pero sigo recordando tantas sensaciones de ese momento... y apenas soy capaz de saber que hice esta mañana o que día es hoy.
Hace unos días había quedado para cenar en un bar que se encontraba al lado de mi antigua casa. La lluvia, sin llegar a ser fuerte, era constante, dejando las calles de la ciudad con esos tonos anaranjados y esos negros brillantes que produce el suelo húmedo.
Vino a mi memoria aquellos años en los que yo comenzaba a salir con amigos, a comienzos de primero de BUP (el equivalente a 4º de ESO).
Habíamos conocido a unas chicas enredando por el parque de Cánovas, aunque siempre he sido tímido con todo lo relacionado con las mujeres, por aquel entonces mi nivel de desencanto con el mundo era inferior al actual y de vez en cuando, reuninendo algo de fuerza, era capaz de acercarme a hablar con una chica.
Estuvimos un tiempo saliendo ambas pandillas, sus amigas y el grupo de chicos con el que yo quedaba (casi todos compañeros de la EGB).
¿Por qué me acordé de esto? Sencillamente, una noche muy similar a la de ayer, pero en la que el agua caía con bastante más ira, acompañamos varias a Carmen a su casa; era una chica morenita con una cara muy linda y buen, con trece años no es que se necesitara ninguna otra cualidad para hacer que me sintiera atraído por ella. Yo iba hablando con ella, ya es imposible recordar de que, pero se que todos se quedaron refugiándose de la lluvia pegados a una pared, justo cuando llegamos a la Plaza de Italia, que era donde ella vivía (o cerca de allí, nunca supe el lugar exacto). Nosotros avanzamos más, cruzamos y si mi memoria no falla, nos quedamos en la esquina de la C/García Holguín. Hice esa estúpida pregunta que he hecho alguna otra vez y que a la larga suele darme muy malos resultados.
- ¿Puedo darte un beso?
Emocionado regresé con el grupo sin dejar de mirar hacia atrás hasta que la vi perderse por la calle anteriorme citada. No pude esperar a preguntar a mis compañeros si lo habían visto: Nadie había visto nada, ni beso en la mejilla, ni en la comisura, ni nada de nada.
Alguien le comentó el siguiente día que yo había ido diciendo que me había dado un pico (en realidad había preguntado que leches significaba eso, si era o no un pico), cosa que la chica desmintió. Y bueno, quedé como un mentiroso delante de todos mis amigos.
Así que fue por orgullo que dejé de quedar con ellos, supongo, si mis amistades no me creen no quiero que anden perdiendo el tiempo a mi lado. En la amistad no cabe la mentira y más cuando todos creyeron su versión en lugar de la mía.
El caso es que todo esto lo recordé porque cuando salí de cenar con mis amigos (otro grupo, obviamente) el pasado sábado, me di cuenta de que esa noche era prácticamente igual a la de entonces. El frío, la lluvia en la cara. Los colores de la noche cacereña con esas luces anaranjadas que no iluminan demasiado teniendo cerca tanto árbol.
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El final de esta historia fue cuando, unos ocho años después la chica intentó ligar conmigo en la belle epoque, bar al que solía ir bastante con mis amigos Javi y Mandi. Con la poca coherencia de la que podía disponer en ese momento le conté la historia relatada arriba y ella ni si quiera me recordaba; eso sí, al resto de chicos del grupo los recordaba a todos. Así que tras media hora de charla me despedí y volví con mis amigos, que aún estaban alucinando al ver que rechazaba a una chica guapa. Dije que no me había dado cuenta...
Es curioso, pero creo que esa fue la última vez que conté esta historia y se la conté a la otra persona involucrada en ella. Creo que han pasado cerca de once años esta vez, pero sigo recordando tantas sensaciones de ese momento... y apenas soy capaz de saber que hice esta mañana o que día es hoy.
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