Recuerdos perdidos
La desgracia ocurrió hace ya unos días. En realidad no puedo concretar la fecha en la que todos esos recuerdos que guardaba como si de un tesoro se tratasen desaparecieran, sí sé que fue hace unos días cuando, al ir a traerlos junto a mí, fui incapaz de encontrar esa bolsa que tanto me importaba. Simplemente ha desaparecido de la habitación en la que viví los pasados meses, la que estaba en casa de mis padres; nadie recuerda haberla cogido, nadie admite haber entrado allí a husmear. Lo que importa realmente es que no está, han desaparecido todas esas fotos, esas cartas que me escribieron cuando nadie sabía que significaba internet, esa rosa hecha con una servilleta, un dibujo en un papel, la entrada a algún concierto o el resguardo de un billete de autobús.
Cosas insignificantes para muchos, pero muy importantes para mí: pedazos de mi vida.
Sé que muchos de esas cosas han dejado un eco en mis recuerdos y no los perderé de forma definitiva, pero jamás volveré a revivir de forma exacta la sensación que tenía al leer una carta de Zara cuando me sentía perdido en el Colegio de la Inmaculada; no podré mirar un billete de bus y recordar que ese fin de semana en concreto hice tal o cual cosa.
Las cartas son lo que más me duele; no las de Zara, a ella la sigo teniendo como amiga, pero hubo otra persona que también me escribió tras mi regreso a Cáceres y con la que jamás he logrado recuperar el contacto. Un amiga de la que no sé nada, perdí su pista en Salou, hace más de una década, y no sé si volvería o no a Salamnca; quizá se marchara a alguna otra ciudad.
Aunque no pueda leer de nuevo esas cartas, al menos el pasado suele quedarse grabado en mi memoria lo suficiente como para que pueda revivirlo de forma borrosa cuando me siento melancólico. Otras veces viene a mí aunque yo no quiera, aunque al menos así sigo manteniendo mi vida conmigo, pues para mí la vida es lo vivido.
No pienso olvidar mi viaje a Sevilla cuando tenía diecisiete años, las tonterías que hicimos y como pudieron costarnos demsiado caras. Los primeros viajes a Valladolid, las fiestas de Mucientes, mi regreso a Cáceres. Todos los momentos que pude haber aprovechado para una cosa y los desperdicié haciendo el idiota, con miedos y moralinas. Y como también erré al dejar la moral a un lado algunas veces... demasiado difícil acertar.
Al volver la vista atrás muchos quieren volver al pasado y tener una nueva oportunidad; incluso yo alguna vez he fantaseado con ello, pero siendo completamente honesto a mi vida, creo que tener revivirlo todo de nuevo sería una pesadilla: aprendería nuevas formas de equivocarme, nuevas formas de dañar a quienes quiero, y acabaría en el mismo punto por un camino distinto.
Al final, supongo que he de asumir que es pasado, que pronto esto también será pasado; y en algún momento del futuro nada importará, porque dejaré de existir y no habrá forma de mantener vivos esos momentos por más tiempo. Esos ecos de grandes momentos, buenos y malos, desaparecerán.
Cosas insignificantes para muchos, pero muy importantes para mí: pedazos de mi vida.
Sé que muchos de esas cosas han dejado un eco en mis recuerdos y no los perderé de forma definitiva, pero jamás volveré a revivir de forma exacta la sensación que tenía al leer una carta de Zara cuando me sentía perdido en el Colegio de la Inmaculada; no podré mirar un billete de bus y recordar que ese fin de semana en concreto hice tal o cual cosa.
Las cartas son lo que más me duele; no las de Zara, a ella la sigo teniendo como amiga, pero hubo otra persona que también me escribió tras mi regreso a Cáceres y con la que jamás he logrado recuperar el contacto. Un amiga de la que no sé nada, perdí su pista en Salou, hace más de una década, y no sé si volvería o no a Salamnca; quizá se marchara a alguna otra ciudad.
Aunque no pueda leer de nuevo esas cartas, al menos el pasado suele quedarse grabado en mi memoria lo suficiente como para que pueda revivirlo de forma borrosa cuando me siento melancólico. Otras veces viene a mí aunque yo no quiera, aunque al menos así sigo manteniendo mi vida conmigo, pues para mí la vida es lo vivido.
No pienso olvidar mi viaje a Sevilla cuando tenía diecisiete años, las tonterías que hicimos y como pudieron costarnos demsiado caras. Los primeros viajes a Valladolid, las fiestas de Mucientes, mi regreso a Cáceres. Todos los momentos que pude haber aprovechado para una cosa y los desperdicié haciendo el idiota, con miedos y moralinas. Y como también erré al dejar la moral a un lado algunas veces... demasiado difícil acertar.
Al volver la vista atrás muchos quieren volver al pasado y tener una nueva oportunidad; incluso yo alguna vez he fantaseado con ello, pero siendo completamente honesto a mi vida, creo que tener revivirlo todo de nuevo sería una pesadilla: aprendería nuevas formas de equivocarme, nuevas formas de dañar a quienes quiero, y acabaría en el mismo punto por un camino distinto.
Al final, supongo que he de asumir que es pasado, que pronto esto también será pasado; y en algún momento del futuro nada importará, porque dejaré de existir y no habrá forma de mantener vivos esos momentos por más tiempo. Esos ecos de grandes momentos, buenos y malos, desaparecerán.
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