Recuerdo como disfrutaba de las tardes de fin de semana antes de comenzar a salir por las noches (a los dieciséis). En realidad disfrutaba mucho más de aquellas tardes en compañía de mis amigos, generalmente las hacíamos en casa de Pedro, que hacía poco que había ido a vivirse con su madre; en ese piso había una salita con terraza por la cual campábamos a nuestras anchas y en la que, en multitud de ocasiones, disfrutamos de nuestras partidas de rol, las tardes de consoleo con la megradrive (y esos pedazo 16-bit) y chucherías compradas en Sánchez Cortés.
En verano sí que dabamos vueltas por ahí durante la tarde, pero el invierno estaba hecho para pasarlo bajo techo disfrutando de lo que nos quedaba de infancia (aunque fueramos semiadolescentes).
También jugabamos por entonces, o más bien comenzábamos a jugar, a Warhammer 40.000, un juego de miniaturas a escala del cual no quiero ponerme a dar detalles ahora. A éste teníamos que jugar en casa de mis padres o en su chalet de la montaña. Siempre acabábamos discutiendo por las reglas (bueno, nunca llevó bien perder y solía inventarse reglas o hacer trampas de cualquier tipo) pero aun así disfrutábamos muchísimo con esas partidas, las vivíamos completamente.
Supongo que ahora deseo recuperar esa parte de mi vida, disfrutar de esas cosas sin preocupaciones, pues mi obligación era ir a clase y con ella supuestamente cumplía, lo demás no importaba, no teníamos problemas con el trabajo ni con el dinero, no pensabas en como sería tú vida cuando fueras mayor ni en cosas realmente trascendentes.
Ahora es diferente, ya eres mayor y ves como es tu vida... y sabes como te gustaría que fuera. Al menos me queda el recuerdo de todas esas tardes antes de perder la "inocencia".
En verano sí que dabamos vueltas por ahí durante la tarde, pero el invierno estaba hecho para pasarlo bajo techo disfrutando de lo que nos quedaba de infancia (aunque fueramos semiadolescentes).
También jugabamos por entonces, o más bien comenzábamos a jugar, a Warhammer 40.000, un juego de miniaturas a escala del cual no quiero ponerme a dar detalles ahora. A éste teníamos que jugar en casa de mis padres o en su chalet de la montaña. Siempre acabábamos discutiendo por las reglas (bueno, nunca llevó bien perder y solía inventarse reglas o hacer trampas de cualquier tipo) pero aun así disfrutábamos muchísimo con esas partidas, las vivíamos completamente.
Supongo que ahora deseo recuperar esa parte de mi vida, disfrutar de esas cosas sin preocupaciones, pues mi obligación era ir a clase y con ella supuestamente cumplía, lo demás no importaba, no teníamos problemas con el trabajo ni con el dinero, no pensabas en como sería tú vida cuando fueras mayor ni en cosas realmente trascendentes.
Ahora es diferente, ya eres mayor y ves como es tu vida... y sabes como te gustaría que fuera. Al menos me queda el recuerdo de todas esas tardes antes de perder la "inocencia".
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