Demasiadas cosas
Cuando te odias tanto es muy sencillo mutilar tu cuerpo e ignorar el dolor. Apenas me molestan el medio centenar de cortes repartidos, sobre todo, en mi antebrazo derecho. Mis fuerzas flaquearon y no conseguí cortar ninguna vena importante, supongo que el miedo a estropear un tendón, que todo saliera mal, y quedarme encima en peores condiciones, fue lo que me contuvo.
Las discusiones continuas con mis amistades, ver como todo mi alrededor se tornaba cada vez más oscuro, esa oscuridad ascendente que oculta cualquier rastro de esperanza, de salidas y esconde los caminos entre los cenagales, de forma que sea imposible llegar a avanzar sin hundirse en el cieno.
Por una lado veo fortalecerse esa amistad que poco a poco se desvanecía allá en el sur; con la del norte voy limando asperezas que habíamos dejado pendientes demasiado tiempo atrás.
Esas nueva promesa de amistad en la que me volqué decidió desaparecer para no volver jamás, ahí queda otra persona más para esa enorme cuenta de gente que decidió borrarme de su vida. Espero algún día conocer los motivos por los cuales tantísimas personas han optado por quitarse de mi camino sin decir ni tan si quiera adiós; hoy amigos y mañana desconocidos.
He hablado con mis padres, por otra parte, sobre todo con mi madre, de mi situación con ella. Parece ser que voy volver a vivir solo. No estoy feliz por ello, en realidad intento pensar en cosas positivas y ya casi no logro sentir la felicidad o la alegría por nada; pero lo que realmente me agrada es que, tras meses de conversaciones, hoy me han escuchado. Ha sido la primera vez que me han tratado como al adulto que soy... lástima que me sea mi ausencia de cordura unida a los cortes que recorren mi cuerpo los que han obligado a su atención a fijarse en mí.
Sigo teniendo todos mis miedos. Miedo a mi, a enfrentarme a una sociedad que antes podría haber devorado. Siento el pánico al ver a los demás, al sentir como me miran; y cuando la angustia se apodera de mí vienen esas enormes ganas de arrancarme el alma del interior de este caparazón de carne y sangre en el que habito. Es como si hubiera visto que apenas nos queda oxígeno para respirar dentro de un submarino y aún me volviera sonriendo hacia los demás y tuviera la cara de decirles que no hay nada de que preocuparse. ¿De que sirve que se extienda el pánico?¿Una terrible verdad?
Y otro revés, entre lo que debo sentir y lo que siento de verdad. Cuando alguien ama a esa persona a la que uno amo, que tanto daño te hizo y por la que ahora, te convences, simplemente sientes odio y rencor; ¿qué hacer? ¿He de ser noble y desear el bien de mi amigo? ¿He de ser honesto o humano y tener la certeza de que huiré de ellos para no sentir como su felicidad me atraviesa el alma como lo haría un alfiler a un muñeco vudú? ¿Quizá desear que nunca salga bien y que sea mi amigo quien pague las consecuencias de mi odio? ¿Existe alguna opción correcta en la que nadie sufre? No. La vida es sufrimiento. Es duro escoger si deseamos el nuestro o el de nuestros congéneres, pero a veces necesitamos ser egoístas... ¿o no?.
Y mi cabeza no quiere parar, las pastillas no consiguen disminuir tantos impulsos, tantas sensaciones. El torbellino se está levantando, necesito sentir, amar, odiar, destruir. Quiero causar dolor, tal como yo lo recibí, esa es la verdadera comunión con la vida.
¿Y si mi locura pudiera quedar suelta y que fuera él, sólo él, quién pagara los pecados de los dos? Dejándola libre de mi venganza y en los brazos de un amigo. Si hubiera una forma...
Y aún queda lo más importante. ¿Volveré mañana a mi casa?¿Regresaré a ese hogar en el que viví varios años? Quizá decidan que lo mejor es encerrarme donde no haga daño a nadie, donde no me haga daño a mí, entre las paredes de cualquier hospital, cambiando una cárcel por otra.
Pronto lo averiguaremos.
Las discusiones continuas con mis amistades, ver como todo mi alrededor se tornaba cada vez más oscuro, esa oscuridad ascendente que oculta cualquier rastro de esperanza, de salidas y esconde los caminos entre los cenagales, de forma que sea imposible llegar a avanzar sin hundirse en el cieno.
Por una lado veo fortalecerse esa amistad que poco a poco se desvanecía allá en el sur; con la del norte voy limando asperezas que habíamos dejado pendientes demasiado tiempo atrás.
Esas nueva promesa de amistad en la que me volqué decidió desaparecer para no volver jamás, ahí queda otra persona más para esa enorme cuenta de gente que decidió borrarme de su vida. Espero algún día conocer los motivos por los cuales tantísimas personas han optado por quitarse de mi camino sin decir ni tan si quiera adiós; hoy amigos y mañana desconocidos.
He hablado con mis padres, por otra parte, sobre todo con mi madre, de mi situación con ella. Parece ser que voy volver a vivir solo. No estoy feliz por ello, en realidad intento pensar en cosas positivas y ya casi no logro sentir la felicidad o la alegría por nada; pero lo que realmente me agrada es que, tras meses de conversaciones, hoy me han escuchado. Ha sido la primera vez que me han tratado como al adulto que soy... lástima que me sea mi ausencia de cordura unida a los cortes que recorren mi cuerpo los que han obligado a su atención a fijarse en mí.
Sigo teniendo todos mis miedos. Miedo a mi, a enfrentarme a una sociedad que antes podría haber devorado. Siento el pánico al ver a los demás, al sentir como me miran; y cuando la angustia se apodera de mí vienen esas enormes ganas de arrancarme el alma del interior de este caparazón de carne y sangre en el que habito. Es como si hubiera visto que apenas nos queda oxígeno para respirar dentro de un submarino y aún me volviera sonriendo hacia los demás y tuviera la cara de decirles que no hay nada de que preocuparse. ¿De que sirve que se extienda el pánico?¿Una terrible verdad?
Y otro revés, entre lo que debo sentir y lo que siento de verdad. Cuando alguien ama a esa persona a la que uno amo, que tanto daño te hizo y por la que ahora, te convences, simplemente sientes odio y rencor; ¿qué hacer? ¿He de ser noble y desear el bien de mi amigo? ¿He de ser honesto o humano y tener la certeza de que huiré de ellos para no sentir como su felicidad me atraviesa el alma como lo haría un alfiler a un muñeco vudú? ¿Quizá desear que nunca salga bien y que sea mi amigo quien pague las consecuencias de mi odio? ¿Existe alguna opción correcta en la que nadie sufre? No. La vida es sufrimiento. Es duro escoger si deseamos el nuestro o el de nuestros congéneres, pero a veces necesitamos ser egoístas... ¿o no?.
Y mi cabeza no quiere parar, las pastillas no consiguen disminuir tantos impulsos, tantas sensaciones. El torbellino se está levantando, necesito sentir, amar, odiar, destruir. Quiero causar dolor, tal como yo lo recibí, esa es la verdadera comunión con la vida.
¿Y si mi locura pudiera quedar suelta y que fuera él, sólo él, quién pagara los pecados de los dos? Dejándola libre de mi venganza y en los brazos de un amigo. Si hubiera una forma...
Y aún queda lo más importante. ¿Volveré mañana a mi casa?¿Regresaré a ese hogar en el que viví varios años? Quizá decidan que lo mejor es encerrarme donde no haga daño a nadie, donde no me haga daño a mí, entre las paredes de cualquier hospital, cambiando una cárcel por otra.
Pronto lo averiguaremos.
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