Amistad

Es para mi un voto sagrado que une a dos personas. Resistente a la mayoría de los contratiempos, cuando es real, muy grande ha de ser la atrocidad cometida para que no pueda perdonarse. No evita, sin embargo, que la unión entre las personas que la profesan sea más fuerte unas veces que otras, que entre ellas surjan también altibajos que les provoquen diferentes heridas, por fortuna esas heridas curarán pronto, aunque parezcan tan dolorosas en el momento; ese es el poder de la verdadera amistad.

Así hoy me veo herido yo; veo heridos a mis amigos por mis actos o mis palabras. Y ese sentimiento de desprecio que tantas veces he sentido hacia mí vuelve; trae con él angustia y lágrimas contenidas.  Si la amistad es pura, las heridas sanarán.

Sin embargo existen casos de amistades que comenzaba a construir en los que veo como pronto esas heridas serán cicatrices en mis recuerdos, marcas en mi ser de lo que no debo hacer; de no ofrecer una amistad sin condiciones desde la inocencia, o más bien la ignorancia.

Y herido son sólo ganas de esconderme de nuevo dentro de mi mundo, de cerrar las puertas de esta fortaleza  en ruinas y dejar esas promesas fuera, donde no puedan dañarme, tocarme, hacerme soñar o darme esperanza.

Un buen momento para tener problemas con todos a la vez, ya sea por culpa de unos u otros, al final me quedará mi soledad y no importará si fue culpa de unos u otros; ¿Quién fue el responsable en cada caso? ¡Qué más da! Las heridas seguirán ahí para siempre, pequeñas muescas en mi alma, junto a otras más grandes, las que tallo yo cada vez que hago daño a alguien a quien quiero.

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