Autodestrucción

Me encuentro recuperándome de una de esas fiestas salvajes con las que a veces intento huir de mi vida. No estoy seguro de si realmente lo hago por la búsqueda unos momentos agradables, por la desconexión que supone el intoxicar mi cuerpo hasta dejar a mi parte consciente casi muerta o por el castigo físico que conlleva para mi cuerpo; supongo que el motivo contiene un poco de todo.

¿El detonante? Estoy tan feliz con mi día a día que no necesito ninguno realmente; odio las despedidas, las esperas, la incertidumbre que tanto acrecenta mis inseguridades... Muchas veces decido explotar, más bien abandonarme al impulso que me pide hacerlo. Supongo que a veces querría estar para siempre en esa orgía de tóxicos, oscuridad y música que es la noche; no porque disfrute allí realmente, pues no lo hago, ni siquiera me gusta un poco, más bien porque me dejo llevar y evito pensar en aquellas cosas que realmente me preocupan, en esos momentos no existe otro mundo y todo lo que quiero es evitar volver a mi vida normal, donde mis preocupaciones me esperan.

Y luego viene la peor parte, la recomposición del cuerpo y de la mente tras el torbellino. El encuentro, a veces revelador, con la realidad de todos los días. Y mi cuerpo dolorido, los mareos y náuseas, por fortuna a veces lo suficientemente potentes como para no permitirme pensar en nada más. Pero ayer no lo fueron.

Sé que estoy perdido en este mundo, por lo menos me siento así, completamente fuera de lugar e incapaz de encajar realmente en ninguna parte. Siempre me hablan de lo bien que me adapto en todas partes, de esa capacidad de mimetismo que dicen que poseo, pero sigo sintiéndome perdido allá donde esté. Supongo que ese ha sido uno de los motivos por los cuales cambié el nombre de mi blog (antaño Buscando mi lugar) puesto que no considero que haya un sitio concreto para mí aquí; lo único que tengo seguro ahora es que no quiero vagar en soledad; necesito sentir el apoyo de otra persona a mi lado; alguien en quien pensar cuando me sienta perdido y cuya mera existencia me reconforte.

Y como he dicho antes, me matan las esperas y la incertidumbre; a veces la única forma de tener algo de control sobre mi vida es, cuando me veo al borde del precipicio y estoy esperando a que alguien decida empujarme o no, saltar.

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