Y cómo un imbécil espero no ser el único que esté pensando que hace ya un dichoso año desde que, como un insecto, vi la luz y, por atraparla, acabé quemándome.  Pero soy yo el único que no olvida fechas, el que permanece aferrado al pasado incapaz de vivir el presente.

Mi fuerza de voluntad se anula cada vez más. No tengo capacidad para concentrarme en nada; cada día más inapetente con todo, apenas como y si respiro es porque no tengo que pensar en hacerlo. No puedo dormir sin ayuda y cuando lo consigo, deseo no despertar.

Intento aguantar por mi familia. Por mis padres, más bien. Voy apartando a todos para que, llegado el momento, no me extrañen. Muchos no notaran mi ausencia.

¡Dios! Podría tirarme el día escribiendo lo mismo. Como si estuviera ebrio de dolor y necesitara vomitarlo escribiendo. Pero no me calma el hacerlo. Y no parar de preguntarme para qué existo. ¿De qué me han servido tantos valores, tanta nobleza? De nada; siempre relegado al recuerdo.

Y desearía poder ser de otra forma, mandarlo todo bien lejos y ser un hijo de puta egoísta. Desearía ser otra persona, insensible, feliz.

Ya sólo quiero desaparecer.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Firme

Una Tarde

El sexo idiota