Esto soy yo

Qué difícil es vivir conmigo mismo cuando hacia mí sólo siento repulsión. Nunca tuve muy claro que es lo que quería conseguir en mi vida; supongo que en ese sentido era relativamente conformista y aunque ahora sigo defendiendo que quiero lo mismo, ahora ya lo hago de una forma vacía, no pretendo conseguir nada en la vida, simplemente intento seguir mis días sin más novedades y sin esperanzas de nada. Supongo que crucé ese límite en el que la esperanza deja de existir y sólo queda la decepción generalizada hacia todo.

Me veo sumido en un pozo de incalculable profundidad; llevo años cayendo en él y cada vez me siento más rodeado de oscuridad y tristeza. Mi mente está cada vez más desquiciada, siempre intentando llevar la máscara cuando me rodeo de gente para intentar ocultar mis verdaderos sentimientos. Cambié mi aspecto para no reconocerme en el espejo y evitar el sentimiento de repulsa que sentía al mirarme al espejo y ahora, un año después, acostumbrado a mi nuevo aspecto, vuelvo a esquivar los espejos y pese a ello muchas veces me invade el deseo de arrancarme la piel, de destruir esta cárcel de carne que me mantiene atado a esta realidad.  A veces pienso que ese dolor físico podría apartarme durante unos instantes del que se produce en mi interior; pero entonces recuerdo que fue el no poder librarme del ese dolor físico que deberé arrastrar de por vida el que aceleró mi camino hacia la depresión.

Arrastro mis errores y no los olvido más a modo de penitencia que como forma de no repetir el pasado. Busco una forma de enmendar todos mis fallos. Muchos de ellos jamás podrán ser ya arreglados, son demasiados y, aunque sigo intentando mejorar como persona día a día, creo que sólo mi disfraz lo consigue, pues yo me hundo un poco más a cada instante.

Y deseo desaparecer. Deseo no haber existido para que nadie pueda sufrir por mi ausencia, esos pocos incondicionales por los que normalmente decido intentar subsistir en esta vida que no es para mí más que una tortura. Me consuela saber que, por fortuna, la muerte me encontrará al final. Un paso que ya asumí tiempo atrás y que el destino o mi mala fortuna no me han permitido nunca acabar de cruzar. No me considero un suicida, no deseo morir, simplemente estoy hastiado de la vida y de lo que no tengo ya ganas de es de vivir.

Mis pensamientos no me dejan dormir, aun cuando mi cuerpo está agotado mi mente sigue despierta sin parar de evocar recuerdos que desearía poder borrar para siempre. Los recuerdos de esas personas que me dieron esperanza en la vida, con las que creí que podría encontrar un motivo para vivir, hasta que por mis acciones, omisiones o devenires del destino, se apartaron de mi lado dejándome aún más transtornado de lo que ya estaba en un principio.

Y esto soy yo, un fracaso en todos los sentidos. Un compedio de sueños incumplidos, de ilusiones rotas, de creciente desconfianza, de tristeza y melancolía. Sin esperanza. Sin fuerza. Sólo angustia y desazón. Un pequeño espíritu buscando el momento en el cual poder, por fin, escapar de su cárcel de carne.

Comentarios

  1. Siento que debería decir algo, pero no sé qué.

    ¿Joder?

    ResponderEliminar
  2. Cuando he leído las cosas que escribes me quedo con esa misma sensación. Creo que con saber que a alguien le interesa lo que escribo, me vale el silencio :)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Firme

Una Tarde

El sexo idiota