Desconectar




Recibí ayer la visita de una amiga de La Reunión, una pequeña colonia francesa sita al este de Madagascar. Obviamente no podía hacerle el feo de no siendo tanta la distancia que nos separa y tanto el tiempo que hacía que no nos veíamos. Ella, junto a otras dos amigas, fueron unas chiquillas que entraron en mi vida la primavera del pasado año y a las que cogí mucho cariño y siempre hace ilusión ver a las amistades.

Aunque inicialmente sólo íbamos a dar una vuelta, en la que aprovechó para presentarme a su pareja y a su hermana. El caso es que lo que iba a ser un café de un par de horas se convirtió en cena, chupitos, copas y un mal cuerpo para hoy, que en realidad agradezco. Siento hoy el alivio del alcohol como lo sentía años atrás, cuando era un joven en mitad de sus dieciséis años de vida y ya desencantado con ella. Fue el alcohol lo que me salvó entonces, aunque no fuera una salvación real sino tan sólo un parche que me ayudo a pasar unos días mejores, unos años mejores.

Recuerdo aquellos días en los que vivía para la fiesta. Cuando tenía un objetivo, por estúpido que fuera, que me hacía aguantar la semana como fuera: salir de fiesta. Estar de viernes a domingo fuera de casa, bebiendo con los amigos, diciendo tonterías y disfrutando de ese estado que alteraba la realidad de lo que me rodeaba. Un escudo mágico en el que las penas no solían entrar (pero bien podían esperarte fuera y solían hacerlo, para cuando se pasara el efecto de todo). Recuerdo, también, y agradezco hoy esa sensación de tener el cuerpo destrozado completamente, la cabeza embotada y los pensamientos dispersos: la resaca. Gran invento que ayuda también a mantener, un día después, ciertas ralladuras lejos de uno mismo.

Sí, es triste que el alcohol, o cualquier otra sustancia, sea una escapatoria. ¿No es acaso semejante a lo que hago cuando tomo medicación?  A falta de lo que espero sea mi último intento con los médicos, me ha sentado bien evadirme un poco de la realidad y tener una noche de desconexión  y un día de apalanque sin ganas de pensar; realmente se agradece.

¿Y mañana? Pues ya veremos que ocurre, imagino que volveremos a lo mismo, como siempre. A la noria de mi vida, con sus menos y sus medios.

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