20 de abril

Me encontraba haciendo zapping hace unos momentos hasta que he acabado en los canales de radio que se emiten vía TDT(o RDT, digo yo que sería más correcto); en uno de ellos he escuchado apenas un segundo de canción y mi piel se ha erizado como respuesta. Acto seguido, he sentido mi pecho oprimido por la melancolía y los ojos se me han humedecido como respuesta. Todo ello en un instante. Es algo que siempre me produce cierto tema de Los Celtas Cortos; mil recuerdos del pasado, de momentos en los que yo era otra persona muy diferente, mucho más viva y, mejor aún, con muchas ganas de vivir.  No sé si son esas vivencias irrepetibles, esos buenos momentos que quedaron grabados o, probablemente, el ver lo que fui y en lo que me he acabado convirtiendo.

Recuerdos de hace más de una década, esos grandes veranos en los que mi única preocupación era estudiar y disfrutar de los amigos; estar todo el día bromeando con ellos, apoyándonos como hermanos. Ahora puedo verlo con una perspectiva diferente y soy incapaz de sentirlo de la misma forma, principalmente por las traiciones acontecidas durante el paso de los años y tantas decepciones.

Esta canción me hace mirar al pasado y darme cuenta de lo solos que acabamos quedándonos a veces.

Añadí a la amalgama de sensaciones una nueva el pasado verano; cierta noche en el bar Tío Molonio (allí en Pucela) conversando con una amistad que también quiso desaparecer de mi vida, como tantas otras hicieran antes.

Y me preparo a la vez para una reunión con algunos de los amigos de la juventud durante este fin de semana, teniendo en mente aquellos que siempre han estado allí y aquellos que nunca supieron (o quisieron estar). Y a la vez me pregunto. Sé de alguien que no estará allí. Ese chico lleno de vida que provocaba dolores de abdominales con cada uno de sus comentarios, que siempre tenía una sonrisa para los demás, el que no paraba de dar esperanzas a sus amigos. Dónde estará ya...

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