Luna


Me encuentro dando vueltas en mi lecho mientras disfruto de otra noche de insomnio.  Parte de la luz que el Sol arroja sobre ti entra por mi ventana sirviendo de guía a mis pensamientos. Recuerdo las noches en que todavía hablaba contigo sin haber perdido la esperanza en tu poder, escuchaba los susurros del aire y disfrutaba de la templanza de las noches de verano y del helado toque de las de invierno considerando que era una forma de comunicarme con los espirítus de la naturaleza.

Hace un año te rogué, por primera vez en más de una década, y esta vez ya no escuchastes mis ruegos. Hoy tu luz ha penetrado en mi alcoba con la compañía de los recuerdos de esas noches en las que te miraba, mientras mis ojos se ahogaban bajo las lágrimas. No he dejado de desear lo que tan brevemente tuve pero cuando pienso en volver a suplicar la concesión de un deseo, ya no es eso lo que viene a mi mente. Viene la apatía y la insensibilidad, virtudes que me den fuerzas para seguir día tras día sin recordar; viene el deseo  de olvidar lo que sentí para poder mirar sólo al futuro y continuar mi camino de nuevo.

Deseo volver a disfrutar de la vida apartando el veneno de los recuerdos de mi mente.


Y aun así, hay cosas que desearía no desear aún.

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