Somos los juguetes de los dioses. Como niños con sus muñecos modifican nuestras vidas mas para ellos lo realmente entretenido es poner trabas en nuestros destinos; ver como esa parte supuestamente inmortal de cada uno de nosotros puede quebrarse en miles de pedazos, desgarrando todo nuestro ser y alejándonos a pasos agigantados de la cordura.

Sangramos para su diversión. Sangran nuestras moribundas almas ya destrozadas para siempre. Nuestro sufrir es su placer, ríen viendo como la más entera de las vidas puede caer y arrastrando a su propietario por un pozo de desesperación.

No importa cuantas veces intentemos separarnos de su juego pues sólo ellos tienen el poder de dejarte en el olvido. Demasiadas veces he saltado a él y en mi vuelo he sido retornado a mi miseria de vida por una mano invisible.

Respirar y poder ver; quizá no tener ausencia de nada a ojos de los demás y aun así, no tener aquelló que nos movía a llenar nuestros pulmones de aire, que impulsaba a nuestro corazón a bombear sangre a través  de nuestras venas.

Temo a la vida por encima de todo. Temo a la muerte, a que con ella no se acabe todo y sólo haya una continuación.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Firme

Una Tarde

El sexo idiota