31
Algunas veces la compañía ayuda a estar mejor; otras veces, algo hace que nuestras heridas internas vuelvan a sangrar y con ansia esperamos a que ese instante de soledad en el que poder encerrarnos en nuestra habitación y ser nosotros mismos.
En mi habitación, por fin, solo. La única compañía que puedo tolerar ahora y seguir siendo yo mismo es la de esas pequeñas fieras que son mi otra familia. Ahora puedo dejar que esa extraña fuerza que lleva todo el día oprimiendo mi pecho se suelte y provoque un río de lágrimas que, espero, sirvan para limpiar un poco mi putrido interior.
Se agredece ver que hay gente que se acuerda de uno y a la vez, se acusa la ausencia de aquellas llamadas que te hubiera gustado recibir y que por unos u otros motivos acabaron desterrándote de sus vidas. Sorprendido pues han sido menos de las esperadas, pero las que faltan siguen causándome una gran pena.
Y desde el capullo en el que me oculto mientras intento cambiar de una larva repugnante a un ser más digno, creo que incluso una parte de mí deseaba que nadie hubiera sabido nada y poder seguir con mis rutinas para evitar esas emociones que provocan tales cambios en mis sentimientos.
Y mañana obligarme a salir; a celebrar, como un rito. A volver a desear. Y pongo mis esperanzas en esas supersticiones que en otro tiempo habría creído estúpidas; ya no, ahora sé que esas cosas pueden pasar y que por imposible que parezca lo deberé intentar.

Comentarios
Publicar un comentario