Mr. Murphy


Llevo una semana saturada de trabajo. Hoy no parecía ser más que otro día en el que volvería a casa acusando ya el cansancio acumulado del ajetreo de la semana.

Muchos dirían que el día ha amanecido triste; para mí hoy hacía un día precioso, acorde con mi persona, gris y nublado, ocultando ese sol del que solo apetece disfrutar en compañía.  El hecho de que mañana por fin sea viernes y de que vaya a poder desconectar un poco del curro ayudaban a que mi ánimo estuviera mejor.

Pensaba que estaba consiguiendo huir del pasado pero parece, que de una forma u otra, el maldito no para de perseguirme mostrándome: ayer en forma de episodio de serie y hoy en el de carta del banco.




Ya lo veis.  Una imagen vale más que mil palabras, aunque la parte divertida de esta historia fue que era un detalle para una conocida por el día de su cumpleaños; el día antes decidió que yo debía desaparecer de su vida para siempre... lo que no fue tan gracioso es que el pedido había sido realizado una semana antes y que cuando recibí la patada ya era demasiado tarde para cancelar el regalo. Gracioso, ¿verdad?.

El consuelo que me queda es que las flores se marchitan rápido y desaparecen rápidamente, apenas tienen utilidad y el provecho que pueda haber sacado de ella será mínimo.


PD: Cada vez que nos acordamos de este tipo de cosas solemos maldecir a Murphy; estoy convencido de que él no inventó sus leyes, simplemente las descubrió a costa de ser un podre desgraciado que las sufría en sus carnes.

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