Depresión

Para muchos no es más que un estado de ánimo. Diría yo que por fortuna sólo los que tienen la mala fortuna de padecerla tienen idea de lo que realmente es.

Quiero decir, que al igual que no padece, por ejemplo, fibromialgia aquel que tras darse un golpe en el muslo con la esquina  de una mesa sufre dolor, no padece depresión aquel que esta triste por una cosa concreta, salvo cuando esta tristeza devora el alma y se instala en su interior de forma permanente. O sea, una depresión puede estar causada por un hecho puntual, aunque lo más normal, como es mi caso, es que simplemente haya un detonante.

Voy a hablar de mi caso particular. En mi caso el detonante fueron las secuelas causadas por accidente de coche. El dolor constante y la imposibilidad de continuar con mi vida, tal y como la vivía antes, fueron mermando cada vez más mi moral. Siendo honesto, he decir que antes tampoco era feliz. No estaba en un mal momento pero una mirada al pasado, analizando mi vida hasta ese momento, hace que me de cuenta de que esa tristeza me acompañaba desde que entré en la adolescencia.

Y no sólo tristeza; en general, apatía por todo, desgana por la vida y que entonces suplía huyendo de la realidad desatando mi lado más salvaje. De cara al exterior sí podía parecer que era realmente feliz, aunque sé que estaba ya infectado por esta sensación de vacío interior que padezco ahora.

No pretendo hacer una tesis sobre esta enfermedad, quiero dejar claro que los que la padecemos no estamos mal porque queramos estar mal. No soy gilipollas,  me encantaría poder sonreir a todas horas, ver la vida con optimismo y no meterme en la cama cada noche deseando no despertar. No quiero sentirme una mierda. Y no, no ayuda nada que me digan que ponga de mi parte o que es una cuestión de mentalidad.  ¿A caso se le dice al cojo que lo suyo se arregla corriendo? Será al revés, cuando lo suyo esté arreglado, podrá correr.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Firme

Una Tarde

El sexo idiota