Y otra paranoia más
Pues el sábado está resultando ser tan intenso como prometía. Odio tener tiempo para pensar y darle vueltas a las cosas.
Tiempo para montarme mil historias e imaginar cómo estará siendo la vida de esa persona, la curiosidad me vence y el silencio que recibo desde la otra parte acrecenta mi inseguridad. ¿Qué estarás haciendo ahora? ¿Qué estarás pensando?
Se que ha pasado muy poco tiempo y no sé como lo estarás llevando, pero creo que bastante mejor que yo. A ratos tengo ganas de mandarlo todo a la mierda, de obligarme a pasar página y no volver a escribir ni dar señales de vida hasta que decidas si me quieres o no en tu futuro.
Ha sido muy intenso, como un fogonazo y tras el no veo nada, quizá me haya precipitado demasiado y ahora no tenga nada que hacer. Puede que siga escribiendo y deje todo en borradores, por si existiera esa posibilidad que aun no quiero rechazar completamente, pese a que una parte de mí me dice que será lo que ocurrirá. Ese pesimismo que siempre me ha acompañado.
Quiero tener fe por una vez en la vida. Quiero creer que esto es temporal, que pronto sonará mi teléfono y tu estarás al otro lado dándome fuerzas. Puede que reciba un correo... pero esa fe no al tengo. Ese maldito miedo que no consigo quitarme se yergue sobre mí tapando cualquier luz que pueda darme esperanza.
Doy vueltas en mi cabeza a comentarios, escritos, cosas que he hablado y sobre todo, a los actos. El no tener noticias tuyas. No pudiste resistirte aquella primera semana que pasamos separados. ¿Qué ha cambiado? Yo no, eso lo sé, por lo menos no en mis intenciones. Temo que hayas sido tú.
Posiblemente apenas he llegado a conocerte, habré raspado la superficie de esa persona que tan prometedora me ha parecido y no lograré excavar más. Diamantes o carbón. Hubiera jurado que dentro había lo primero mas no he podido comprobarlo y la duda existe. Me he equivocado otras veces aunque nunca había estado tan seguro, nunca había sido tan fuerte la certeza... esa certeza que ya se ha desvanecido. Ahora sólo me quedan dudas.
Y sigo deseando sentirte. Pienso en coger el coche y presentarme allí, mirar dentro de ti y saber si he de esperar o dar por perdida la batalla. Esta vez es demasiado grande el temor a tu reacción para que me lance a la aventura. Si tu mirada fuera fría ya no sabría que hacer.
Maldita distancia que no me permite salir de dudas, pues sería incapaz de arrastrarme durante tanto tiempo de vuelta a mi cubil. O bendita, que aun mantiene este corazón latiendo en su pecho cuando debería morir.
Actos. Es lo que define a las personas y desde aquí no puedo oírte, ni leerte y menos aún, saber cómo vas explorando ese nuevo mundo que has conocido.
Temo perderte, que me olvides completamente mientras caminas maravillada por él. ¿Qué habré sido entonces? Quedaré relegado a un recuerdo del pasado, lo que ocurrió en un momento oportuno. Y yo me quedaré aquí. Con mi dolor. Y tendré que intentar aprender de ti y vaciarme. Pero ya no me llenaré, ya no más.
Tiempo para montarme mil historias e imaginar cómo estará siendo la vida de esa persona, la curiosidad me vence y el silencio que recibo desde la otra parte acrecenta mi inseguridad. ¿Qué estarás haciendo ahora? ¿Qué estarás pensando?
Se que ha pasado muy poco tiempo y no sé como lo estarás llevando, pero creo que bastante mejor que yo. A ratos tengo ganas de mandarlo todo a la mierda, de obligarme a pasar página y no volver a escribir ni dar señales de vida hasta que decidas si me quieres o no en tu futuro.
Ha sido muy intenso, como un fogonazo y tras el no veo nada, quizá me haya precipitado demasiado y ahora no tenga nada que hacer. Puede que siga escribiendo y deje todo en borradores, por si existiera esa posibilidad que aun no quiero rechazar completamente, pese a que una parte de mí me dice que será lo que ocurrirá. Ese pesimismo que siempre me ha acompañado.
Quiero tener fe por una vez en la vida. Quiero creer que esto es temporal, que pronto sonará mi teléfono y tu estarás al otro lado dándome fuerzas. Puede que reciba un correo... pero esa fe no al tengo. Ese maldito miedo que no consigo quitarme se yergue sobre mí tapando cualquier luz que pueda darme esperanza.
Doy vueltas en mi cabeza a comentarios, escritos, cosas que he hablado y sobre todo, a los actos. El no tener noticias tuyas. No pudiste resistirte aquella primera semana que pasamos separados. ¿Qué ha cambiado? Yo no, eso lo sé, por lo menos no en mis intenciones. Temo que hayas sido tú.
Posiblemente apenas he llegado a conocerte, habré raspado la superficie de esa persona que tan prometedora me ha parecido y no lograré excavar más. Diamantes o carbón. Hubiera jurado que dentro había lo primero mas no he podido comprobarlo y la duda existe. Me he equivocado otras veces aunque nunca había estado tan seguro, nunca había sido tan fuerte la certeza... esa certeza que ya se ha desvanecido. Ahora sólo me quedan dudas.
Y sigo deseando sentirte. Pienso en coger el coche y presentarme allí, mirar dentro de ti y saber si he de esperar o dar por perdida la batalla. Esta vez es demasiado grande el temor a tu reacción para que me lance a la aventura. Si tu mirada fuera fría ya no sabría que hacer.
Maldita distancia que no me permite salir de dudas, pues sería incapaz de arrastrarme durante tanto tiempo de vuelta a mi cubil. O bendita, que aun mantiene este corazón latiendo en su pecho cuando debería morir.
Actos. Es lo que define a las personas y desde aquí no puedo oírte, ni leerte y menos aún, saber cómo vas explorando ese nuevo mundo que has conocido.
Temo perderte, que me olvides completamente mientras caminas maravillada por él. ¿Qué habré sido entonces? Quedaré relegado a un recuerdo del pasado, lo que ocurrió en un momento oportuno. Y yo me quedaré aquí. Con mi dolor. Y tendré que intentar aprender de ti y vaciarme. Pero ya no me llenaré, ya no más.
Comentarios
Publicar un comentario