La Esencia del Guerrero
Muchas veces pensé de niño que las virtudes del verdadero guerrero eran las de poder aplastar sin apenas esfuerzo a cualesquiera que fuesen sus enemigos, creía que era aquel que guerreaba mejor que ningún otro, que sesgaba vidas sin titubear con tal de cumplir sus objetivos. Ese que nunca moriría en el campo de batalla.
Ahora, en el presente, creo que la esencia del guerrero puede encontrarse en el menos músculado de todos nosotros. Ya no considero que ser un guerrero, o un luchador, implique violencia: hay muchas formas de enfrentar los problemas y el espíritu con el cual hacemos frente a los diferentes problemas y penurias que encontramos en este camino de la vida. Y que pese a las veces que pueda equivocarse, siempre intentará coger el camino correcto, aunque sea el que más dolor pueda presentar.
Y ahora mi vida es así, una batalla tras otra, muchas perdidas, magullado y con profundas heridas me veo arrodillado, casi vencido en mitad de un campo de cadáveres, enemigos o camaradas, eso no importa ya, sólo cuerpos que no pudieron mantener la esperanza en la victoria y perecieron padeciendo mil angustias.
Estoy casi vencido, mi esperanza parece haberse desvanecido, mi espada permanece hincada en el cuerpo del que había creído mi último obstáculo para la victoria. Sin fuerzas alzo la cabeza y veo esa oscuridad acercándose hacia mí, mil enemigos que derrotar, mil obstáculos que vencer. Las fuerzas me fallan, el deseo de ceder a la comodidad de la muerte y el cese del sufrimiento recorren mi mente. Pero hay algo ocurre, de una forma imprevisible, cuando ya casi me había dado por vencido... su voz, los recuerdos... es ella por lo que lucho. Y con fuerzas sacadas de algún rincón secreto de mi espíritu aprieto la empuñadura de esa arma que tanto tiempo me ha mantenido con vida, tenso mis músculos y me alzo preparado para comenzar de nuevo una cruenta lucha. Pero no voy a ceder, mientras la sienta a mi lado me levantaré una y otra vez, hoy no voy a caer. Lucharé con el arma más poderosa que puede blandir un hombre: su voluntad... y mientras tenga esperanza, está no podrá ser quebrada.
Y en mi guerra interior, hoy me has sacado del derrotismo en el que estaba sumido recordándome el motivo por el cual no puedo permitirme perder la esperanza. Lucharé por no caer pero sé que lo haré; sólo espero ser digno de que me lleves contigo a Vingolf cuando las tres hermanas lo hayan previsto.
Ahora, en el presente, creo que la esencia del guerrero puede encontrarse en el menos músculado de todos nosotros. Ya no considero que ser un guerrero, o un luchador, implique violencia: hay muchas formas de enfrentar los problemas y el espíritu con el cual hacemos frente a los diferentes problemas y penurias que encontramos en este camino de la vida. Y que pese a las veces que pueda equivocarse, siempre intentará coger el camino correcto, aunque sea el que más dolor pueda presentar.
Y ahora mi vida es así, una batalla tras otra, muchas perdidas, magullado y con profundas heridas me veo arrodillado, casi vencido en mitad de un campo de cadáveres, enemigos o camaradas, eso no importa ya, sólo cuerpos que no pudieron mantener la esperanza en la victoria y perecieron padeciendo mil angustias.
Estoy casi vencido, mi esperanza parece haberse desvanecido, mi espada permanece hincada en el cuerpo del que había creído mi último obstáculo para la victoria. Sin fuerzas alzo la cabeza y veo esa oscuridad acercándose hacia mí, mil enemigos que derrotar, mil obstáculos que vencer. Las fuerzas me fallan, el deseo de ceder a la comodidad de la muerte y el cese del sufrimiento recorren mi mente. Pero hay algo ocurre, de una forma imprevisible, cuando ya casi me había dado por vencido... su voz, los recuerdos... es ella por lo que lucho. Y con fuerzas sacadas de algún rincón secreto de mi espíritu aprieto la empuñadura de esa arma que tanto tiempo me ha mantenido con vida, tenso mis músculos y me alzo preparado para comenzar de nuevo una cruenta lucha. Pero no voy a ceder, mientras la sienta a mi lado me levantaré una y otra vez, hoy no voy a caer. Lucharé con el arma más poderosa que puede blandir un hombre: su voluntad... y mientras tenga esperanza, está no podrá ser quebrada.
Y en mi guerra interior, hoy me has sacado del derrotismo en el que estaba sumido recordándome el motivo por el cual no puedo permitirme perder la esperanza. Lucharé por no caer pero sé que lo haré; sólo espero ser digno de que me lleves contigo a Vingolf cuando las tres hermanas lo hayan previsto.
Increible...
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