Cosas de la vida
A veces alguien dice algo sobre ti que intenta ser un halago; al pensar sobre ello te das cuenta de que aunque está hecho con toda la buena intención del mundo en realidad es incierto.
No soy más que un debilucho que sigue un camino sin escoger opciones, puede que a veces me rija por los impulsos pero la lucha de desgaste no está hecha para mí. Sé lo que quiero aunque no encuentro una manera de luchar por ello, sigo la inercia que marcaron esas deseos que a los que sucumbí sin pensar. Para mí es lo más sencillo, no soy capaz de resistirme a ellos y dejarme llevar no es más que una debilidad, pues es casi imposible para mí el conseguir controlarlos.
Otros se rigen por lo que creen mejor sin salirse de su camino. Quizá les haya costado encontrarlo pero luego siguen en él y ya no se apartan. Es imposible saber que pensamientos ocupan sus cabezas, por lo menos para mí. De lejos observo y una parte de mí envidia esa capacidad de controlar las acciones que yo nunca he conseguido adquirir.
Tomé mi decisión en un segundo e intento corregirla, cumplir mi palabra y no interferir. ¿Dónde puedo encontrar fuerzas para ello? Resisto un tiempo, dentro de mí va creciendo algo que no se muy bien como explicar, como si mi corazón girase cada vez más rápido hasta que no puedo más y me dejo llevar. Y trás ese momento de liberación máxima, de libertad y de sentir como sale la bestia contenida, viene la decepción; conmigo, con el mundo, he vuelto a fallar. Y no por que me mueva una buena causa, sólo el miedo a la perdida.
No soy fuerte por no rendirme, simplemente no sé como puedo hacerlo. No encuentro otra opción que escoger y esto no son más que defectos.
No soy más que un debilucho que sigue un camino sin escoger opciones, puede que a veces me rija por los impulsos pero la lucha de desgaste no está hecha para mí. Sé lo que quiero aunque no encuentro una manera de luchar por ello, sigo la inercia que marcaron esas deseos que a los que sucumbí sin pensar. Para mí es lo más sencillo, no soy capaz de resistirme a ellos y dejarme llevar no es más que una debilidad, pues es casi imposible para mí el conseguir controlarlos.
Otros se rigen por lo que creen mejor sin salirse de su camino. Quizá les haya costado encontrarlo pero luego siguen en él y ya no se apartan. Es imposible saber que pensamientos ocupan sus cabezas, por lo menos para mí. De lejos observo y una parte de mí envidia esa capacidad de controlar las acciones que yo nunca he conseguido adquirir.
Tomé mi decisión en un segundo e intento corregirla, cumplir mi palabra y no interferir. ¿Dónde puedo encontrar fuerzas para ello? Resisto un tiempo, dentro de mí va creciendo algo que no se muy bien como explicar, como si mi corazón girase cada vez más rápido hasta que no puedo más y me dejo llevar. Y trás ese momento de liberación máxima, de libertad y de sentir como sale la bestia contenida, viene la decepción; conmigo, con el mundo, he vuelto a fallar. Y no por que me mueva una buena causa, sólo el miedo a la perdida.
No soy fuerte por no rendirme, simplemente no sé como puedo hacerlo. No encuentro otra opción que escoger y esto no son más que defectos.
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